El Jengibre es una planta cuyo potente rizoma ha sido utilizado desde tiempos inmemoriales. Es eficaz para enfermedades del pecho y la garganta. Ya Galeno lo utilizaba en el marco de su teoría de los humores para combatir el exceso de flema. Avicena, uno de los más grandes sabios de la antigüedad, lo indicaba como afrodisíaco capaz de combatir la impotencia sexual.
El jengibre contiene interesantes cantidades de vitamina C, Vitamina B9, Magnesio, Potasio, Zinc, fósforo y otros. Su raíz se usa con buenos resultados como revulsivo para combatir pleuresías, reumatismo, ciática y dolores neurálgicos. Para esto se lo machaca hasta hacer de él un fino polvo y se aplica en forma de cataplasma mezclado con harina de lino o maíz. Para las dolencias del pecho, como por ejemplo en la pleuresía, se prepara mezclado en partes iguales el polvo del jengibre con polvo de pimienta negra recién molida y clara de huevo, hasta conseguir una pasta blanda, la cual se extiende sobre un pañuelo, tela o algodón y luego se aplica sobre las partes enfermas, como el pecho.
El gusto del jengibre es picante y tiene un agradable aroma. Su uso en la gastronomía es bastante extendido. Contiene también resina y es excitante para el estómago y además carminativo. Puede usarse en polvo o en tintura de acorde a los métodos espagíricos de elaboración. El té de jengibre alivia los dolores estomacales, la flatulencia y las náuseas y es bueno para el pecho.
La decocción del rizoma del jengibre se ha utilizado para tratar afecciones gastrointestinales y respiratorias.
Es recomendable en invierno añadirlo a las sopas cremas para prevenir la aparición de problemas respiratorios y de garganta. En la zona del Río de la Plata se acostumbra a rayar el jengibre y ponerlo en el mate.

